Acción contra el Hambre acompaña a personas mayores en los municipios más afectados para reconstruir redes de apoyo, combatir el aislamiento y recuperar la vida comunitaria
- Dos años después de la DANA, Acción contra el Hambre trabaja en la quinta fase de intervención para la recuperación de Catarroja, Picanya, Sedaví y Albal, donde desarrolla el programa Nutriendo Lazos. La DANA destruyó infraestructuras, viviendas y negocios, pero también debilitó algo más difícil de reconstruir: las relaciones sociales que sostienen la vida cotidiana.
- Esta iniciativa ha llegado a 95 personas mayores de 65 años y ha movilizado 74 agentes comunitarios y recursos locales para abordar las consecuencias sociales de la catástrofe y fortalecer las redes comunitarias.
- Los testimonios de José María y Teresa muestran cómo recuperar las rutinas y los espacios de encuentro contribuye al bienestar emocional y a combatir el aislamiento: “Ha vuelto a resurgir esa ilusión de que tienes los días ocupados. He conocido gente y he podido compartir con ellos penas e ilusiones”, cuenta José María.
- La iniciativa integra alimentación saludable, actividad física y acompañamiento social, con el objetivo de consolidar redes de apoyo que perduren más allá del programa.
Dos años después de la DANA que devastó parte de la provincia de Valencia, la recuperación de los municipios afectados sigue teniendo una dimensión menos visible que la reconstrucción material: la recuperación de las rutinas, los espacios de encuentro y las relaciones sociales. A través del programa Nutriendo Lazos, Acción contra el Hambre acompaña a personas mayores de 65 años en Catarroja, Picanya, Sedaví y Albal para prevenir la soledad no deseada y la inseguridad alimentaria, dos problemas que pueden agravarse cuando una emergencia altera la vida cotidiana y debilita las redes de apoyo.
“Yo lo único que quería era tener una ocupación, porque me sentía prácticamente huérfano”. José María, vecino de Picanya desde hace 54 años, acudía dos o tres veces por semana a la piscina municipal después de jubilarse. La natación, el gimnasio y las actividades que ofrecía este espacio, estructuraban sus días y le permitían relacionarse con otras personas. La DANA interrumpió estas rutinas y redujo sus oportunidades de actividad y encuentro.
“Ahora nos ha vuelto a resurgir esa ilusión de que tienes los días ocupados”, cuenta José María sobre su participación en Nutriendo Lazos, que le ha permitido recuperar parte de esa organización semanal y ampliar su círculo social. “He conocido gente, he podido compartir con ellos penas, ilusiones, en fin, de todo un poco”, explica.
Su experiencia refleja esta consecuencia menos visible de las catástrofes: “Tras una emergencia como la DANA, hay daños que son visibles, como los materiales, y otros que pueden pasar desapercibidos, como la ruptura de las relaciones sociales, de las rutinas o del bienestar emocional en las personas mayores”, explica Irene Fernández, técnica del programa.
“Te levantas ya con la ilusión preparada, preparas tu mochila porque tienes que estar con la gente, que es lo más bonito, estar con compañeros que son como tú”, explica Teresa, de 73 años, que ha participado en talleres y actividades de movimiento, danza, yoga, cerámica y bienestar emocional. “Cuando llegamos ahí, somos todos uno”, añade.
Nutriendo Lazos combina el acompañamiento directo a las personas mayores y sus cuidadores con el fortalecimiento de las redes comunitarias. A través de talleres y espacios de encuentro, promueve hábitos de alimentación saludable, actividad física y bienestar emocional, además de generar oportunidades para compartir experiencias y establecer nuevas relaciones.
Desde su puesta en marcha, el programa ha llegado a 95 personas mayores participantes y ha identificado y movilizado 74 agentes comunitarios y recursos locales en los cuatro municipios. El trabajo no se limita a organizar actividades: busca conectar a vecinos, entidades sociales, profesionales y servicios municipales para que las relaciones puedan mantenerse más allá de la duración del proyecto.
“Lo que pretendemos es que estas conexiones se mantengan en el tiempo, para que el proyecto deje una comunidad más fuerte y una red de apoyo que continúe cuando esto termine”, detalla Irene Fernández. “Que los municipios dispongan de más recursos comunitarios para prevenir la soledad no deseada y favorecer una vida más autónoma”.
Y es que la alimentación es una parte esencial de este enfoque, ya que la inseguridad alimentaria no depende únicamente de la capacidad económica para comprar comida, sino también de las condiciones que permiten mantener una dieta adecuada y hábitos saludables. “Cuando hablamos de inseguridad alimentaria pensamos únicamente en si una persona puede comprar alimentos o no. Pero, en las personas mayores, hay otros factores que también importan: si pueden salir de casa, si tienen con quién compartir una comida o si cuentan con alguien que los acompañe cuando lo necesitan”, señala la responsable nacional de Nutriendo Lazos, Silvia Rodríguez.
La soledad no deseada, el aislamiento y la pérdida de autonomía pueden agravar estas dificultades, por lo que promover una alimentación saludable implica también facilitar el acceso a los recursos comunitarios. Se trata de un reto que trasciende los municipios afectados por la DANA: en España, el 11,6% de los hogares experimentó algún grado de inseguridad alimentaria en 2024, según la Fundación FOESSA, lo que pone de relieve la necesidad de abordar esta realidad teniendo en cuenta las circunstancias personales y las redes de apoyo.
De la respuesta de emergencia a la recuperación a largo plazo
La intervención de Acción contra el Hambre en Valencia ha evolucionado conforme cambiaban las necesidades de la población afectada. En los primeros momentos tras la DANA, la entidad dio una respuesta urgente mediante el reparto de comidas calientes y kits de emergencia. Posteriormente, apoyó las tareas de limpieza de las zonas afectadas y la recuperación de condiciones básicas de salubridad e higiene.
En la tercera fase de la recuperación, la entidad distribuyó Tarjetas de Ayuda Multipropósito en coordinación con los servicios sociales municipales, para facilitar a las personas afectadas el acceso a productos y bienes esenciales. Esta iniciativa diseñada para ofrecer una respuesta ágil y reducir las barreras burocráticas llegó a más de 1.500 personas.
Con el paso de los meses, se hizo evidente la necesidad de abordar también las dificultades económicas y sociales que persistían. Acción contra el Hambre impulsó programas de empleo y emprendimiento en la provincia y estableció una presencia permanente en el territorio para continuar acompañando a las personas y comunidades afectadas.
Nuestras fases de acompañamiento en imágenes
Ahora, Nutriendo Lazos forma parte de esta evolución del trabajo hacia una recuperación sostenida: junto a la reconstrucción material y la recuperación económica, el programa busca restablecer las relaciones, las rutinas y los apoyos comunitarios que contribuyen al bienestar de las personas mayores. Dos años después de la DANA, la recuperación también se refleja en las actividades que vuelven, las amistades que nacen y las personas que recuperan la ilusión por salir de casa.
Acción contra el Hambre en Comunitat Valenciana
La entidad ya estaba presente en la Comunidad Valenciana desde 2015, a través de programas para la mejora de la inserción sociolaboral en la provincia de Castellón, en el marco de su estrategia de empleo y emprendimiento para impulsar las oportunidades laborales de grupos más vulnerables. A partir de 2025, Acción contra el Hambre se ha asentado también en la provincia de Valencia.
Desde entonces, la entidad ha acompañado a más de 2.170 personas en situación de desempleo (un 67% de las cuales eran mujeres) a través de 64 proyectos y programas. El 44% de estas personas encontraron trabajo durante su formación en los programas y un 13% decidieron insertarse formativamente. Además, Acción contra el Hambre ha apoyado en la apertura de 20 nuevos negocios mediante sus programas de emprendimiento.