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El empleo no es igual para todas: Lo que vemos cada día acompañando a mujeres en su búsqueda laboral

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Cada año, cuando llega el 8 de marzo, vemos cómo se repiten muchas ideas sobre igualdad laboral: “a igual trabajo, igual salario”, el techo de cristal, la conciliación como solución principal, o que todo se resolverá cuando haya más mujeres en determinados sectores. Nada de esto es falso.

Pero la realidad que encontramos en nuestros programas es concreta y mucho más cotidiana: mujeres que intentan volver al mercado laboral después de años fuera, que llegan con experiencia y formación que no se reconoce en nuestro país o que se enfrentan a procesos de selección donde su edad, su situación familiar o su trayectoria pesan más que sus capacidades.

En Acción contra el Hambre seguimos rompiendo barreras

Y los datos confirman esta situación. Según la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2025 elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de paro femenino sigue siendo más alta que la masculina (11,2% frente al 8,76% de los hombres), y la brecha salarial continúa situándose en torno a los  5.000€ menos al año para las mujeres.

Sin embargo, en nuestros programas vemos cómo esas cifras se traducen en historias concretas. Marisa lo explica así: “Cuando una persona lleva años sin trabajar, muchas empresas asumen que ya no está preparada”. Mercedes cuenta que dejó su empleo durante quince años para cuidar a su familia y que retomar su vida laboral después fue difícil. Yosaury llegó a España con formación y experiencia, pero sin poder demostrarla fácilmente porque sus documentos pertenecen a su país de origen.

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En 2025 acompañamos a más de 5.000 mujeres en España: más de 4.700 participaron en itinerarios de búsqueda de empleo y más de 660 en procesos de emprendimiento. Nuestro trabajo consiste en algo muy específico: orientar, formar, revisar perfiles profesionales, trabajar la confianza y facilitar que las mujeres puedan presentarse a oportunidades que antes no estaban considerando.

También generamos espacios de trabajo en grupo. No se trata solo de aprender a hacer un CV o preparar una entrevista, sino de entender el mercado laboral y compartir el proceso con otras mujeres que están en una situación similar. Como cuenta Yosaury sobre su experiencia en el programa de Acción contra el Hambre, ese espacio “se convirtió en una familia, en un refugio, en una red de apoyo”.
 

Problemas de acceso al mercado laboral

Las barreras que encontramos se repiten con frecuencia. Algunas tienen que ver con trayectorias laborales interrumpidas por cuidados, otras están relacionadas con procesos migratorios, homologación de estudios o cambios de sector profesional. También observamos que ciertos perfiles encuentran más dificultades para acceder a entrevistas o procesos de selección: mujeres mayores de 50 años, mujeres que llevan años fuera del mercado laboral o personas que quieren entrar en sectores donde tradicionalmente no ha habido presencia femenina.

En ese contexto trabajamos acompañando a mujeres que quieren volver a trabajar, cambiar de sector o poner en marcha un negocio –ya que, en muchos casos, el emprendimiento se presenta como una opción viable que permite conciliar horarios y responsabilidades familiares de una manera diferente. Muchas mujeres deciden iniciar un proyecto propio después de analizar qué tipo de empleo pueden asumir en su situación actual y qué alternativas tienen para mantener ingresos estables.
 

Menos salario una vez dentro del mercado laboral

Incluso cuando el acceso al empleo se produce, las diferencias continúan. La brecha salarial de género se mantiene alrededor del 20%, según el informe más reciente sobre salarios y conciliación elaborado por CCOO. Esto significa que las mujeres, de media, siguen recibiendo menos ingresos por su trabajo.

Entre las causas que explican esta situación destacan tres factores principales:

  • Segregación horizontal: muchas mujeres tienen dificultades para acceder a sectores con mejores salarios y condiciones. Sectores tradicionalmente masculinizados.
  • Segregación vertical: existen obstáculos para que las mujeres accedan a puestos de mayor responsabilidad dentro de las organizaciones.
  • Complementos salariales: parte de la retribución variable depende de disponibilidad horaria, puestos de mando o criterios que suelen favorecer a quienes no asumen responsabilidades de cuidados familiares.

Por este motivo también impulsamos formación en sectores donde tradicionalmente ha habido menos presencia femenina, como energías renovables o electromecánica. El objetivo es ampliar las opciones profesionales y facilitar el acceso a empleos con mejores condiciones.

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Y es que, como afirma nuestra Punto Focal de Género, Miriam del Omo: “El 8 de marzo nos recuerda que la igualdad laboral es un derecho innegociable. Las mujeres merecemos empleos que nos permitan autonomía, realización y calidad de vida, y En Acción contra el Hambre estamos comprometidas con el acompañamiento para transformar el mercado hacia uno más justo e inclusivo”.

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